Ya se encontraban ahí la mayoría de los generales del país, pero habían pedido, por si acaso, la ayuda de antiguos militares como estrategas. Ya solo faltaban dos personas por hacer presencia, pero no tardarían mucho. Habían enviado a los mensajeros mas rápidos para ir por ellos y llevarlos a Gondia, la capital de Fenion. Ya pasaba de la primera hora de la mañana, y muchos se encontraban fastidiados y cansados. El Capitán General de las fuerzas del país esperaba la llegada de los dos hombres. El también se encontraba cansado, pero aquello era urgente. Si se desataba una guerra, como todos predecían, necesitarían la mayor ayuda posible. Espero un poco mas, apoyado en la puerta principal del cuartel. Miraba la luna y las nubes, tan solo para entretenerse un poco. Pero a cada minuto que pasaba comenzaba a perder la esperanza de que llegaran. Se froto las manos. El invierno comenzaba, y cada noche era más fría que la anterior. Y entonces lo escucho. El trote apresurado de varios caballos, el ruido de las ruedas de manera sobre la tierra. Miro hacia el camino que se extendía frente a el. Ahí estaban, al fin. La carroza se acercaba a toda velocidad. El hombre sonrió y entro al edificio, y de ahí, al salón principal del cuartel. Ahí se encontraban no menos de treinta hombres, entre capitanes, generales y mayores.
─Ya han llegado ─le dijo a la multitud.
Nadie dijo nada, pero una expresión de alivio paseo por la boca de todos ahí. El hombre se dirigió a su lugar en la gran mesa y se sentó. En ese momento entraron los hombres a quienes esperaban.
─Buenas noches ─dijeron ambos al entrar.
─Buenos días ─dijo sonriendo irónicamente el capitán general ─, tomen asiento, por favor.
Los hombres obedecieron, llenando así los lugares en la mesa por completo.
─Mi nombre es Riderick, Capitán Riderick ─dijo el capitán dirigiéndose a los hombres mas longevos─. Ya todos deben tener una idea de que es lo que ha pasado ─dijo ahora dirigiéndose a todos en la sala ─. Vorgen ataco a Bahen, ciudad de Dirmas, sin precio aviso y sin razón alguna. Muchos creen que esto desatara una guerra, pues Dirmas se ha visto obligado a responder al ataque. Quizás estas acciones involucren al continente entero. Nuestros espías ya partieron a dichas naciones para investigar los conflictos internos entre los países y las razones de los ataques. Nuestro ejercito debe ser preparado para proteger nuestro país o servir de apoyo a alguno de nuestros aliados. Actualmente no se ha presentado ninguna petición de ampara, pues Vorgen es la nación militar mas poderosa después de Dirmas. Pero cualquier situación puede presentarse, así que debemos estar prevenidos.
Nadie hablaba. Los más viejos, en los lugares mas alejados, solo miraban confundidos.
─Oh, lo había olvidado ─dijo Riderick ─. Nuestros invitados especiales. Háganos el favor de presentarse.
─Ex-General Furjan ─dijo el primero.
─Ex-General Peyrion ─dijo el segundo.
─Ex-General Garte ─dijo el tercero.
─Ex-Comandante Quentin─ dijo el cuarto.
─Gracias, ya se habrán preguntado que hacen aquí. Todos ustedes se retiraron hace algunos años. Durante la época en la que estuvieron trabajando para el país en la milicia hubieron pequeñas guerras civiles y pocos conflictos internacionales. Sin embargo, ustedes fueron conmemorados por su estrategia y comando en el campo de batalla. Ahora que lo más probable es que se desate una gran guerra, necesitamos su astucia estratega. ¿Ayudaran una vez más a su nación?
─¡Si, señor! ─dijeron los cuatro a la vez, como si fueran aun jóvenes recién reclutados.
─Bien. Cada quien diríjase a su respectivo fuerte de batalla para proteger Fenion de invasiones enemigas. Ustedes ─dijo refiriéndose a los antiguos generales ─, permanecerán aquí para apoyar a cualquiera de las ciudades.
Todos en la sala asintieron y abandonaron poco a poco aquel lugar, dejando vacio el salón, como había estado por mucho tiempo.
Las horas pasaban en el palacio real, pero nada parecía mejorar. Se acababa de dar a conocer otro ataque a Dirmas y todas las naciones se encontraban alarmadas. No sabían que esperar de Vorgen. El rey de Fenion no se había comunicado mas que por un único mensajero para toda la nación. Había estado sentado en su trono por bastante tiempo. Sentía poco las piernas. Esperaba algún mensaje de algún otro país o por lo menos una buena noticia de su patria. Miraba los vitrales de la sala, como buscando alguna respuesta en ellos. De un momento a otro, se oyó la pesada puerta abrirse. Ahí se encontraba Erick, el mensajero en quien mas confiaba.
─¿Puedo pasar, señor?
─¡Claro, claro. Adelante!
El mensajero camino hasta llegar a unos cuantos metros antes del trono.
─¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado? ─pregunto el rey desesperado.
─Lo que estaba esperando, mi señor ─dijo Erick sin expresión alguna en el rostro ─. El General Yuno se encuentra aquí. Quiere hablar con usted.
─Bien, hazlo pasar.
Erick asintió y camino lentamente hacia la puerta, y estando ahí, la cerro poco a poco, dejando al rey de nuevo en su agonía. En menos de un minuto, las puertas volvieron a abrirse, dejando pasar esta vez a Yuno. Este camino la misma distancia que Erick había recorrido, y se detuvo. Hacia tiempo que el rey no veía a Yuno, y ahora le parecia mas grande, pero no mas fuerte.
─Saludos, majestad ─saludo el mago con una sonrisa.
─Saludos, Yuno. Dime a que has venido.
Yuno continúo sonriendo sin descaro mientras lo observaba. Las puertas a su espalda se cerraron poco a poco, para dejar solo a aquellos dos en la sala.
Quince minutos después, las puertas volvieron a abrirse para dejar salir a Yuno, quien aun no perdía su sonrisa. Todos los presentes lo observaron hasta que se hubiera marchado. Entonces Erick volvió a entrar a la sala del trono, para salir poco después con un mensaje dicho por el mismo rey: la alianza entre Vorgen y Fenion estaba hecha, ofreciendo así a la nación atacante su apoyo total.