viernes 22 de junio de 2007

Capitulo 5: Alianza (DIA 2)

Todos en el cuartel del ejército se encontraban alarmados. La gente corría y entraba a cada uno de los cuartos del edificio. Se había pedido desalojar el lugar para hacer una reunión entre todos los generales y fuerzas militares del país. Aunque hubo sido un solo ataque, la gente que conocía el hecho se encontraba asustada. Todas las naciones habían mantenido la paz entre si durante mas de mil años, y el hecho de que esa quietud se hubiera visto quebrantada de un momento a otro era suficiente motivo para alarmarse.

Ya se encontraban ahí la mayoría de los generales del país, pero habían pedido, por si acaso, la ayuda de antiguos militares como estrategas. Ya solo faltaban dos personas por hacer presencia, pero no tardarían mucho. Habían enviado a los mensajeros mas rápidos para ir por ellos y llevarlos a Gondia, la capital de Fenion. Ya pasaba de la primera hora de la mañana, y muchos se encontraban fastidiados y cansados. El Capitán General de las fuerzas del país esperaba la llegada de los dos hombres. El también se encontraba cansado, pero aquello era urgente. Si se desataba una guerra, como todos predecían, necesitarían la mayor ayuda posible. Espero un poco mas, apoyado en la puerta principal del cuartel. Miraba la luna y las nubes, tan solo para entretenerse un poco. Pero a cada minuto que pasaba comenzaba a perder la esperanza de que llegaran. Se froto las manos. El invierno comenzaba, y cada noche era más fría que la anterior. Y entonces lo escucho. El trote apresurado de varios caballos, el ruido de las ruedas de manera sobre la tierra. Miro hacia el camino que se extendía frente a el. Ahí estaban, al fin. La carroza se acercaba a toda velocidad. El hombre sonrió y entro al edificio, y de ahí, al salón principal del cuartel. Ahí se encontraban no menos de treinta hombres, entre capitanes, generales y mayores.

─Ya han llegado ─le dijo a la multitud.

Nadie dijo nada, pero una expresión de alivio paseo por la boca de todos ahí. El hombre se dirigió a su lugar en la gran mesa y se sentó. En ese momento entraron los hombres a quienes esperaban.

─Buenas noches ─dijeron ambos al entrar.

─Buenos días ─dijo sonriendo irónicamente el capitán general ─, tomen asiento, por favor.

Los hombres obedecieron, llenando así los lugares en la mesa por completo.

─Mi nombre es Riderick, Capitán Riderick ─dijo el capitán dirigiéndose a los hombres mas longevos─. Ya todos deben tener una idea de que es lo que ha pasado ─dijo ahora dirigiéndose a todos en la sala ─. Vorgen ataco a Bahen, ciudad de Dirmas, sin precio aviso y sin razón alguna. Muchos creen que esto desatara una guerra, pues Dirmas se ha visto obligado a responder al ataque. Quizás estas acciones involucren al continente entero. Nuestros espías ya partieron a dichas naciones para investigar los conflictos internos entre los países y las razones de los ataques. Nuestro ejercito debe ser preparado para proteger nuestro país o servir de apoyo a alguno de nuestros aliados. Actualmente no se ha presentado ninguna petición de ampara, pues Vorgen es la nación militar mas poderosa después de Dirmas. Pero cualquier situación puede presentarse, así que debemos estar prevenidos.

Nadie hablaba. Los más viejos, en los lugares mas alejados, solo miraban confundidos.

─Oh, lo había olvidado ─dijo Riderick ─. Nuestros invitados especiales. Háganos el favor de presentarse.

─Ex-General Furjan ─dijo el primero.

─Ex-General Peyrion ─dijo el segundo.

─Ex-General Garte ─dijo el tercero.

─Ex-Comandante Quentin─ dijo el cuarto.

─Gracias, ya se habrán preguntado que hacen aquí. Todos ustedes se retiraron hace algunos años. Durante la época en la que estuvieron trabajando para el país en la milicia hubieron pequeñas guerras civiles y pocos conflictos internacionales. Sin embargo, ustedes fueron conmemorados por su estrategia y comando en el campo de batalla. Ahora que lo más probable es que se desate una gran guerra, necesitamos su astucia estratega. ¿Ayudaran una vez más a su nación?

─¡Si, señor! ─dijeron los cuatro a la vez, como si fueran aun jóvenes recién reclutados.

─Bien. Cada quien diríjase a su respectivo fuerte de batalla para proteger Fenion de invasiones enemigas. Ustedes ─dijo refiriéndose a los antiguos generales ─, permanecerán aquí para apoyar a cualquiera de las ciudades.

Todos en la sala asintieron y abandonaron poco a poco aquel lugar, dejando vacio el salón, como había estado por mucho tiempo.

Las horas pasaban en el palacio real, pero nada parecía mejorar. Se acababa de dar a conocer otro ataque a Dirmas y todas las naciones se encontraban alarmadas. No sabían que esperar de Vorgen. El rey de Fenion no se había comunicado mas que por un único mensajero para toda la nación. Había estado sentado en su trono por bastante tiempo. Sentía poco las piernas. Esperaba algún mensaje de algún otro país o por lo menos una buena noticia de su patria. Miraba los vitrales de la sala, como buscando alguna respuesta en ellos. De un momento a otro, se oyó la pesada puerta abrirse. Ahí se encontraba Erick, el mensajero en quien mas confiaba.

─¿Puedo pasar, señor?

─¡Claro, claro. Adelante!

El mensajero camino hasta llegar a unos cuantos metros antes del trono.

─¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado? ─pregunto el rey desesperado.

─Lo que estaba esperando, mi señor ─dijo Erick sin expresión alguna en el rostro ─. El General Yuno se encuentra aquí. Quiere hablar con usted.

─Bien, hazlo pasar.

Erick asintió y camino lentamente hacia la puerta, y estando ahí, la cerro poco a poco, dejando al rey de nuevo en su agonía. En menos de un minuto, las puertas volvieron a abrirse, dejando pasar esta vez a Yuno. Este camino la misma distancia que Erick había recorrido, y se detuvo. Hacia tiempo que el rey no veía a Yuno, y ahora le parecia mas grande, pero no mas fuerte.

─Saludos, majestad ─saludo el mago con una sonrisa.

─Saludos, Yuno. Dime a que has venido.

Yuno continúo sonriendo sin descaro mientras lo observaba. Las puertas a su espalda se cerraron poco a poco, para dejar solo a aquellos dos en la sala.

Quince minutos después, las puertas volvieron a abrirse para dejar salir a Yuno, quien aun no perdía su sonrisa. Todos los presentes lo observaron hasta que se hubiera marchado. Entonces Erick volvió a entrar a la sala del trono, para salir poco después con un mensaje dicho por el mismo rey: la alianza entre Vorgen y Fenion estaba hecha, ofreciendo así a la nación atacante su apoyo total.

jueves 14 de junio de 2007

Capitulo 4: El comienzo del fin

Durante la comida nadie hablo mucho. Eidriam estaba un poco cansado debido al entrenamiento. Su madre no dejaba de mirarlo con semblante preocupado. Desde que Glenn había cumplido la edad mínima para entrar al ejercito, no había dejado de preocuparse de lo que le podía pasar a sus hijos.

─¿Por qué Glenn no llega? ─pregunto.

─Hay muchos nuevos ingresos, querida ─le respondió su esposo ─. Ya no debe tardar.

La comida termino y Glenn no llego. Su madre comenzó a limpiar los platos y los cubiertos, mientras no dejaba de mirar por la ventana. Eidriam la miro antes de salir de la cocina. Su padre también comenzaba a preocuparse y se sentó a esperar en la sala. Eidriam decidió esperar un poco en su habitación también. Pero cuando se dirigía hacia allá, se escuchó el relinche de un caballo en la puerta. Los tres se dirigieron a la entrada rápidamente. Ahí estaba Glenn, que acababa de bajar de la carroza. Se despidió de Jeff y su padre y se dirigió con su familia. Se despidieron de la familia y Jeff y su padre se marcharon.

─Glenn, ¿por qué tardaste tanto? ─pregunto su madre ─Estaba muy preocupada.

─Si, perdón por la tardanza. De repente el servicio comenzó a ponerse lento y todos los que trabajaban ahí se veían alarmados.

─Que extraño ─dijo su padre.

─Pero ya estas dentro, ¿no? ─le pregunto Eidriam a su hermano.

─Si, y no sabes cuanto me alegra haber acabado con eso.

Todos guardaron silencio por un momento.

─Bien, entremos a casa ─dijo Glenn ─. No saben cuanta hambre tengo.

─Antes de que comas, hijo ─interrumpió su padre ─, te tengo una pequeña sorpresa.

Nadie dijo nada, y acto seguido, el hombre fue a la parte trasera de la casa indicando que no lo siguieran. En poco tiempo volvió, y traía consigo un hermoso caballo blanco sujetándolo por la rienda. Glenn sonrió instantáneamente y corrió hacia el corcel.

─¡No puedo creerlo! ─dijo acariciando al caballo ─¡Finalmente! ¡Gracias, papá! ─y abrazo a su padre.

─Tu madre y yo creemos que ya que entras al ejercito, es tiempo de que tengas tu propio caballo.

─Gracias ─dijo nuevamente el muchacho.

─Pero ahora es momento de que entres y comas un poco.

Glenn asintió y llevo al caballo de donde su padre lo había traído. Al entrar a la casa se dirigió directamente a la cocina y comió rápidamente con una mezcla de hambre y ansiedad por montar el caballo. Al terminar, corrió a buscar a Eidriam, quien estaba en su habitación.

─Vamos, Eidriam. Salgamos a chocar un poco las espadas.

─Bien, pero si ganas será porque tu ventaja aumento.

Glenn rió.

─Vamos ya, muévete.

Y ambos hermanos salieron al bosque. Glenn se dirigió por su nuevo caballo mientras Eidriam le hacia cortes a un tronco en el suelo. Glenn llego ya montado y con espada en mano.

─Sabes, quizás no tenga tanta ventajas como piensas. Mantener un buen equilibro aquí y combatir no parece muy sencillo.

─Adelante entonces ─dijo Eidriam blandiendo su espada contra la de su hermano.

Glenn apenas respondió a tiempo y cubrió el ataque, aunque casi caía del caballo.

Eidriam corrió sin dejar de mirarlo y se interno más en el bosque. Glenn lo siguió sujetando fuertemente la rienda del caballo y poco a poco se fueron internando más en el bosque. Glenn subió un poco la velocidad de sus ataques, pero aun tenia problemas en mantenerse sobre el caballo. Varias veces cayo sin ocasionarse lesiones graves, pero provocando que Eidriam riera. Practicaron hasta que oscureció, era momento de volver a casa. Eidriam caminaba despacio frente a Glenn, mientras este se quejaba de sus múltiples moretones. De un momento a otro, se oyó el trote apresurado de un caballo por toda el área.

─Tranquilízate ya, Glenn ─dijo Eidriam volteando a su hermano.

Pero este se encontraba a pie dirigiendo su caballo con las riendas en sus manos. Se encogió de hombros y comenzó a pasear su mirada por todo el bosque, al igual que Eidriam. Comenzaron a correr hasta tener su casa a la vista. Se detuvieron tras unos árboles al ver que los trotes apresurados pertenecían a una carroza armada que se detenía frente a su casa.

─Es una carroza del ejercito ─le susurro Glenn a su hermano.

Miraron atentamente como un hombre con una gran armadura y capa bajaba de la carroza y tocaba la puerta. Abrió el padre de Glenn y Eidriam. Estos trataron de oír lo mejor posible sin ser vistos.

─¿General Garte? ─dijo el hombre de capa.

─¿Si?

─Necesitamos su ayuda en el cuartel.

─¿Qué ocurre?

─Han atacado Bahen, la frontera entre Vorgen y Dirmas. Los detalles le serán informados en la capital.

─¿Qué? ¿La capital?

─Habrá una guerra, general. Una gran guerra.

El padre de Eidriam lo pensó un poco y miro a su esposa, que se encontraba a su lado y que se encontraba a punto de llorar.

─Bien ─dijo el hombre ─, iré con ustedes.

El y su esposa entraron a la casa y cerraron la puerta, mientras el hombre de la capa regresaba a la carroza.

─¿Una guerra? ─pregunto Eidriam en un susurro a su hermano ─¿Quién la provoco?

─Bahen es la frontera entre Vorgen y Dirmas por parte del segundo. Debió ser Vorgen.

─¿Pero porque...?

─No lo se...

─¿Por qué papá debe irse?

Glenn no tenia respuesta para esa pregunta, la pregunta que el también se hacia. Su padre salio por la puerta diez minutos después llevando una pequeña maleta. Abrazo a su esposa ─quien tenia la cara empapada de lagrimas ─por un largo momento y le dijo algo al oído. Después la soltó y se dirigió al hombre dentro de la carroza.

─Estoy listo.

─En ese caso, suba por favor.

Eidriam y Glenn observaron como su padre subía a la carroza, después de una última mirada a su esposa. La carroza comenzó a andar, y por una de las ventanas se asomaba su padre. Los miraba. Se despidió con un gesto, con una sonrisa. Poco después, la carroza se había perdido de vista en la oscuridad. Glenn y Eidriam no pudieron hacer más que mirar a la nada, mirar y esperar que todo fuera un sueño.

jueves 15 de marzo de 2007

Capitulo 3: La calma antes de la tempestad (DIA 1)

A la mañana siguiente Eidriam y Glenn despertaron un poco mas temprano de lo usual. Se dirigieron directamente a la cocina y desayunaron con una gran satisfacción. Al terminar de comer, dispuestos a dejar la cocina, se encontraron con su madre en el umbral de la puerta.
─¿Cómo amanecieron? ─pregunto con una sonrisa.
─Bien, mamá ─respondieron al unísono.
─Ojala hayan desayunado bien ─les dijo adentrándose a la cocina ─. Seguramente durmieron hambrientos, después de practicar tanto.
─No te preocupes ─contesto Glenn ─. Desayunamos bastante.
─Que bien, necesitan comer mucho ─dijo dejando de mirarlos y dirigiéndose a buscar algunas cuantas cazuelas ─. Después de todo, pronto se irán al ejercito ─termino con la voz baja y la cara oculta.
Glenn y Eidriam se miraron fastidiados y caminaron hacia ella.
─Mamá, el que vallamos al ejercito no significa que dejaremos de verte ─dijo Eidriam.
─Si, después de todo, no hay guerras a la vista. Estaremos bien. Además, a Eidriam le faltan algunos años.
─Si ─dijo abrazándolos ─, creo que tienen razón. Los veré a la hora de comer.
─Aquí estaremos ─dijo Glenn mientras salía de la cocina al lado de Eidriam.
Pasaron la sala sigilosamente por si su padre se encontraba ahí. Después de una noche de regaños era mejor evitarlo. Pero no estaba, la sala se encontraba vacía. Ambos se encogieron de hombros y caminaron hasta salir de la casa. Era un día soleado con pocas nubes.
─¿Qué haremos? ─pregunto Eidriam mirando el cielo ─¿Practicar de nuevo?
─Lo siento Eidriam, tendrás que practicar sin mi.
─¿Qué? ¿Por qué?
─Voy con Jeff.
─¿De nuevo?
─Su padre nos llevara al cuartel del ejercito. Tenemos que enlistarnos.
─Pensé que entrarías hasta dentro de un mes.
─Yo también ─dijo encogiéndose de hombros ─, pero papá insistió.
─Oh...
─Bueno, adiós.
Y camino hacia el este, dejando a Eidriam solo. Este lo miro irse y maldijo. Pensó en volver a la casa, pero no tenia nada que hacer. Quizás Nathan estaría libre para dar unos cuantos golpes. Camino a través de algunos árboles hasta llegar a una casa mas pequeña que la suya. Fue hacia la puerta y toco un par de veces. Abrió una pequeña niña de cabello claro y una sonrisa brillante.
─Hola Eidriam.
─Hola Sophie. No sabes si...
─Nathan esta castigado ─rió un poco.
─¿En serio? ¿Ahora porque?
─Salió por la noche sin que mi mamá le diera permiso ─y rio de nuevo.
─Oh, bueno, entonces...
─¡Solo es por un minuto! ─se escucho una voz masculina desde el interior de la casa ─¡No, no voy a escapar!
Sophie se rió una vez mas y corrió hacia la casa para dar lugar a Nathan en el umbral de la puerta.
─¿Qué tal, Eidriam?
─¿A dónde fuiste esta vez?
─Anna quería mostrarme algo en el bosque.
─Con razón tu madre no te creyó.
─¡Bueno, bueno! No es la verdad, pero tampoco es totalmente mentira. Y ahora estoy viviendo un infierno.
─¿Por cuánto es el castigo?
─Una semana.
─No es tanto.
─¿No? ¡Me obliga a hacer los trabajos pesados!
─Cortar leña y reparar unas cuantas cosas no son trabajo pesado.
─Quizás para ti no...
─Bueno, entonces me iré. Solo vine para ver si querrías practicar un poco ─dijo Eidriam caminando hacia el lugar por el que había venido.
─No me convencerás. Sabes que nada me gustaría mas que vencerte, pero ahora no puedo.
─Bien, como quieras.
─Adiós.
─¡Demonios! ¿En verdad no vendrás?
─No, lo siento. Ya estoy en problemas ahora por irme cuando no estoy castigado. No quiero saber que pasara si lo hago mientras lo estoy.
─De acuerdo, será otro día. Adiós.
─Adiós...
─¡Regresa, que aun tienes mucho trabajo que hacer! ─se oyó desde el interior.
─¡Allá voy! ¡No te pongas histérica! ─grito Nathan antes de cerrar la puerta de golpe.
Eidriam vio unos momentos mas la casa y después volteo hacia el camino de regreso a casa. Camino lenta y tediosamente. Al llegar ahí, su padre lo esperaba. Eidriam, al verlo, trato de regresar y esconderse un momento entre los árboles. Pero era tarde para eso, su padre ya lo miraba.
─¡Eidriam, ven acá!
Eidriam refunfuño un poco y camino lentamente hacia su padre.
─¿Si, papá?
─Veo que no tienes nada que hacer.
─Bueno, Glenn se esta enlistando y Nathan esta castigado. No hay mucho que hacer.
─¿Y porque insistes tanto en practicar tu técnica con la espada? Es lo único que haces todos los días. Incluso sin tu hermano.
─No hay muchas cosas a las cuales dedicarse en estos tiempos ─respondió Eidriam ─. Supongo que el ejercito es lo que mas me atrae, y debo ser bueno, para ser reconocido.
─¿Quieres ser un comandante famoso?
─Quizás.
─Ven acá.
Eidriam dejo de mirar el horizonte y se dirigió hacia donde estaba su padre. Cuando llego, este dejo a la vista una hacha que había tenido escondida tras la espalda.
─Entonces practiquemos.
Eidriam sonrió y desenfundo su espada. Durante la practica, su padre le dio ciertos concejos y algunas maneras de corregir lo que hacia mal. El tiempo paso volando para Eidriam, y cuando menos lo esperaba, su madre los llamaba a el y a su padre a comer.
─Es tiempo de un descanso ─le dijo su padre a Eidriam.
─Que lastima, estaba a punto de derrotarte.
El hombre rió. Eidriam también rió y los dos entraron a la casa.

domingo 25 de febrero de 2007

Capitulo 2: Plan de Ataque

Los mas grandes generales de Vorgen se habían reunido en un salón especial en el cuartel nacional, ubicado en Ramdo, la capital de dicho país. Ahí se encontraban los militares mas famosos y poderosos de la nación, admirados por su liderazgo y su habilidad en el combate. En total, se hallaban ocho hombres en el salón. Todos sabían el porque habían sido llamados, ya era toda una noticia en la milicia, y sin embargo, nadie conocía la razón de aquellos rumores. Las puertas se abrieron para dejar pasar a un joven sabio que manipulaba la magia anima. Todos se levantaron al momento de que el mago estuviera de pie frente a su lugar en la mesa.
─Saludos, General Yuno ─dijeron todos al unísono.
─Saludos ─respondió Yuno sentándose ─. Seguramente, ya todos saben porque fueron llamados a esta junta urgente.
Nadie respondió.
─¿Alguien lo sabe? ¿Nadie? ─el mago cerro los ojos y guardo silencio, para después abrirlos de golpe y gritar ─¡¿Creen que soy un idiota?! ¡¿Con quien creen que están hablando?! ¡Ahora alguien abra la boca o mandare fusilarlos a todos!
Todos los generales intercambiaron miradas, algunas asustadas, otras calmadas. Uno de los generales se puso de pie.
─¿General Ordon? ─dijo el mago, que, al parecer, había recuperado la calma.
─Es por la misión de búsqueda que el rey a decretado ─respondió el general a mando de las ciudades del noreste.
─Bien, parece haber por lo menos alguien que recuerde las ordenes de su rey. Como dijo el general Ordon, la misión de búsqueda del rey sigue en pie, ya que los resultados de la misma no han sido satisfactorio. Desde ahora, la misión se llevara a cabo fuera de Vorgen.
Entre la sala comenzaron a correr protestas, comentarios y opiniones, pero Yuno dio una orden de silencio moviendo sus manos desde la altura del centro de su pecho hasta llegar a sus hombros de forma horizontal. Todos callaron.
─Pero general ─se levanto un hombre con armadura grande y pesada ─, las demás naciones no nos permitirán inspeccionar sus ciudades de tal forma que nosotros hemos hecho, en especial Alphen.
─Es por eso que han sido llamados, General Umcred, para planear la forma en la que continuaremos nuestra búsqueda.
Todos dejaron de hablar y miraron al joven y poderoso mago.
─Se formara una guerra… una gran guerra.
─¿Y no haría usted cualquier cosa por cumplir con su rey y su nación, general? ─pregunto Yuno con una sonrisa.
─¡S-si, por supuesto! ─contesto Umcred, general a mando de las ciudades del suroeste.
─Bien, si ya todos han entendido, proseguiré con la explicación del plan.
El mago volteo hacia uno de los soldados a su lado, quien le entrego un mapa del continente. Yuno lo extendió sobre la mesa, haciendo que los ocho generales se acercaran disimuladamente a el.
─Existen seis países en el continente de Meslion: Dirmas, Trudia, Alphen, Cirian, Fenion y, por supuesto, Vorgen. Como todos sabemos, Dirmas es el país con la mayor fuerza militar y mayor potencial en armas. Por esta razón, este será el país que atacaremos primero, para invadir con nuestras mejores fuerzas y conseguir el éxito. Después…
─Pero, General Yuno… ¿Que pasara con los países aliados? ¿También serán atacados?
─Ya hay un pequeño grupo de personas de Información encargándose de eso. Fenion es nuestro principal aliado, nuestro objetivo es conseguir que se unan a nuestra causa. También tenemos buenos lazos con Cirian, pero últimamente nuestra relación no ha ido bien. En cambio, Alphen es, como muchos llaman, “el enemigo de Vorgen”. Eso le da muchos puntos para convertirse en el segundo blanco, pero aun no es seguro. Después de todo, su fuerza militar no es muy grande ─dijo Yuno sonriendo, como si se tratara de un chiste ─. Las demás posiciones aun están pendientes, así como que general atacara cada país. En algunos casos, serán dos generales los que ataquen un solo país.
Todos se miraron tratando de adivinar que país tendrían que invadir y quizás destruir.
─General ─dijo otro de los hombres poniéndose de pie ─, en cuanto ataquemos un país sin razón alguna alguno otro se unirá a su lucha. Eso nos pone muy vulnerables.
─No es el primero en pensar eso. Es por eso que la operación debe hacerse velozmente. Debemos atacar las fuerzas enemigas lo mas rápido posible. El objeto debe ser encontrado en menos de un mes, o todos morirán.
Se produjo un silencio en la sala que nadie se atrevía a romper.
─Pero… ─interrumpió el mago entre los pensamientos ─en su “visita” no deben olvidar el principal objetivo entre tanta matanza: ─a todos se les formo un nudo en la garganta ante esa palabra─ la búsqueda.
Y así, el joven sabio partió, dejando solo confusión.

jueves 22 de febrero de 2007

Capitulo 1: Un joven de Cilgen

El sol ya casi se ocultaba por completo y Eidriam aun practicaba el esgrima con su hermano. Cada golpe con la espada cansaba mas a cada uno de ellos, pero no podían parar. Aquello era mas que una practica, una competencia. Los brazos les dolían, y debían volver a casa antes de la puesta de sol.
─Creo… que ya es hora de volver ─dijo Glenn sin dejar de atacar y contraatacar.
Eidriam no respondió, pero sabia que esa era la verdad. El tiempo pasaba volando cada vez que practicaba con Glenn, su hermano mayor. Era un buen oponente, y pocas veces había logrado vencerlo en un combate.
─Debemos acabar ahora ─dijo de nuevo sin obtener respuesta.
Eidriam trato de no prestarle atención y despojarlo de su espada, pero Glenn sabia sus intenciones y respondía a cada uno de sus ataques como si supiera que movimiento haría exactamente. Comenzaba a desesperarse, pues su padre les regañaría si llegaban tarde. Con un movimiento rápido, desvió el ataque vertical de Eidriam y golpeo la unión entre el mango y la hoja de su espada, provocando que esta cayera de las manos de su hermano. Eidriam maldijo y se tomo la mano adolorida.
─Hora de irnos.
─Te hubiera ganado, pero me desconcentre.
─Claro, como siempre ha pasado ¿no?
Eidriam refunfuño pero no respondió. La verdad es que no era tan bueno como su hermano. Glenn contaba con veintiún años, cuatro mas que Eidriam. Su padre había sido general de las tropas de Fenion en tempos de guerra. Contaba con una habilidad sorprendente ─según decían ─manejando hachas. Para el, había sido una desgracia que ninguno de sus hijos se especializara en aquello mismo, pero por lo menos habían “heredado la fuerza y habilidad de su padre”, como este solía decir.
Ambos hermanos caminaron sin decir palabra alguna hasta llegar a su hogar. Los dos miraron hacia el cielo, buscando alguna señal del sol que pudieran usar. Pero este ya se había ocultado por completo, y la única iluminación cercana provenía de las ventanas de la casa. Glenn abrió la puerta lenta y cuidadosamente, tratando de provocar el menor ruido posible. Pero no era necesario, su padre ya les esperaba, sentado cómodamente en el sillón de piel de la sala. Glenn y Eidriam bajaron la cabeza al entrar. Sabían que su padre los miraba, y trataban de evitar cualquier contacto visual. Pero su padre no dejo pasar la oportunidad de reprender a sus hijos ahora que al fin habían llegado.
─De nuevo tarde…
─Papá… te juro que ─trato de explicar Glenn, pero su padre lo cayo poniendo su dedo frente a sus labios.
─No me importa que excusa hayan planeado decir ahora. Estoy cansando de su irresponsabilidad y su falta de vergüenza.
─Pero déjanos…
─Basta Glenn ─dijo su padre con voz sonora ─, y tu eres quien mas debería avergonzarse. Estas a punto de entrar al ejercito y aun te comportas como un niño. Le das un mal ejemplo a tu hermano.
Glenn no respondió esta vez. No era la primera vez que le decía aquello, pero nunca dejaba de dolerle. Para su padre, el ejercito siempre había sido una cosa de primordial importancia y que siempre debía tomarse en cuenta, lo cual era comprensible, ya que su padre había pasado cerca de veintisiete años dirigiendo al ejercito del país.
─Papá… en realidad fue culpa mía el que llegáramos tarde…
─Eidriam… no trates de…
─No, es cierto. Glenn quería irse, pero yo seguí practicando sin escucharlo. Lo siento.
El antiguo general miro a sus hijos y finalmente se dio por vencido.
─Ya váyanse. Deben dormir, sin haber cenado.
Los muchachos obedecieron las palabras de su padre y se dirigieron a una habitación subiendo unas escaleras. La casa donde vivían no era una mansión, pero era grande debido a la antigua posición que su padre había ejercido. Contaba con tres cuartos, de los cuales uno se encontraba desocupado la mayoría del tiempo y era usado como cuarto de huéspedes. La casa contaba con cocina y una pequeña sala donde los invitados se sentaban a cumplir el propósito de su visita. Pero había un ultimo cuarto al que nadie entraba excepto el ex general. Aquel era el sótano, donde este guardaba todo lo relacionado a su trabajo en el ejercito, entre lo cual había mapas, armaduras, armas y demás objetos que pocas veces habían sido vistas o tocados. En una ocasión, Eidriam había entrado al Cuartel General, que era como el y Glenn le llamaban. Esa vez el tenia diez años aproximadamente y recordaba poco de la visita al cuarto. Había visto varios mapas colgados en la pared y una gran armadura que Eidriam había reconocido de las veces que su padre se iba a la guerra. Su padre llego y lo saco del cuarto jalándolo del brazo, además de haberle reprendido por desobedecer su regla mas importante.
Los hermanos se acostaron en sus respectivas camas, pero ninguno tenia sueño. Solo veían al techo. Tenían hambre.
─¿Porque papá sigue quitándonos la cena cada vez que rompemos sus reglas? ─dijo Eidriam molesto ─. Nos va a matar de hambre en lugar de enseñarnos algo.
Glenn rió, pero no dijo nada mas.
─No eres un mal ejemplo. En realidad me ayudas mucho, practicando, y todo eso.
─Quizás papá tenga razón.
─¿En que?
─Estoy a punto de entrar al ejercito y de convertirme en un hombre, debería tomar mas en serio las cosas. Además, el puesto en el que entrare será gracias a los contactos de nuestro padre. Le debo eso.
─Espera ─protesto Eidriam sentándose en la cama ─. El puesto no fue por los contactos de papá. Eres bueno con la espada, muy bueno. Te habrían dado el puesto aunque nuestro padre nunca hubiera sido general.
─…
─En serio.
─Gracias Eidriam.
─Buenas noches.
─Buenas noches.

sábado 17 de febrero de 2007

Prologo

Un rey se cierne sobre su trono. La oscuridad es completa, a excepción de una sola vela a punto de extinguirse en uno de los muchos candiles que se extienden a lo largo del salón. La alfombra roja, que llega desde las grandes puertas de caoba hasta el trono, ha perdido ya su esplendor y su color. Retratos de viejos reyes de la nación cubiertos de polvo hacen un intento de adornar la sala. El rey ha perdido el brillo de sus ojos. Solo mira al suelo, al pie de su trono, esperando. Las gruesas y pesadas puertas con grabados bañados en oro se abren poco a poco. Las bisagras, que comparten su edad con el salón, producen un chirrido lúgubre. Ahí, en el umbral de la puerta, aparece un joven de aspecto enfermizo. Su piel, blanca como el marfil, no ha sentido el calor del sol por varios días. Bajo los ojos del muchacho se aprecian unas marcadas ojeras, señal del poco sueño que han tenido. El joven camina lenta y temblorosamente, cual si el miedo se expandiera por su cuerpo con solo pisar aquella sala. Se detiene a varios metros del trono, temeroso de acercarse mas a su rey.
─¿Me ha llamado… señor?
El rey, después de mirar unos segundos mas hacia el suelo, vuelve la vista hacia el muchacho. Sus ojos demuestran locura, cosa que el joven puede notar, incluso en aquella oscuridad.
─Acércate… un poco mas -le responde el gobernante con la garganta seca. El muchacho da unos cuantos pasos hacia el trono, pesados y temblorosos a la vez.
─¿Estoy bien aquí, su majestad? ─pregunta el chico, evitando mirar a los ojos de su rey.
─Mas… acércate… un poco mas.
El joven da un par de pasos mas y se detiene.
─¿Que desea, su alteza? ─pregunta esta vez, antes de que el hombre en el trono le ordene caminar mas.
─¿Donde esta, Yuno? ¿Lo has conseguido ya?
El muchacho duda un poco antes de responder.
─No… su majestad. Nuestros hombres aun no han podido encontrar rastro de el.
─¿Porque… porque demoran tanto?
Yuno retrocede un poco al ver que el rey se levanta de su trono.
─¡Pe… pero señor! ─responde el joven con temor en su voz ─¡Hemos avanzado bastante en nuestra búsqueda!
─No lo suficiente ─responde sombriamente el rey, que ha empezado a bajar los peldaños bajo el trono.
─¡Pero lo encontraremos señor! ─afirma alarmado Yuno, quien retrocede a cada paso que el rey da ─¡Tenemos ya sospechas de el lugar donde esta oculto!
─¡¿Entonces porque… no lo han… encontrado?!
─¡Hemos tenido poco tiempo, señor. Por favor perdónenos!
Los pasos son cada vez mas sonoros en el salón. El rey parece ahora un cazador, listo para atrapar a su próxima victima. Yuno ya casi ha llegado a la puerta abierta.
─¡Podría haberte matado desde el inicio! ¡Pude haberlo encontrado ya, de no haberte encargado esta tarea!
─¡Lo encontrare, lo juro! ─dice Yuno acercándose a la puerta. Pero la puerta se cierra cuando esta a punto de salir. El rey se detiene a pocos centímetros de el.
─Por tu seguridad… espero que así sea.
Las puertas se abren y Yuno corre hacia donde el rey no pueda alcanzarlo mas.
─¡Treinta días! ─grita el rey.
Este camina de nuevo hacia su trono, lentamente. Llega ahí y se sienta. Vuelve a mirar al pie de su trono con sus ojos sin vida; ya nada en el tiene vida. Las puertas se cierran dejando la habitación en oscuridad de nuevo. La ultima vela se apaga por completo.

Comenzando

Bienvenidos todos.

Ojala disfruten de este Fan Fic basado en Fire Emblem, titulado Pacto de Almas. El tema es, como en cualquier juego, sobre la guerra en un continente y un grupo que lucha en ella. Las armas, clases de guerreros y promociones estan tambien basados en las que aparecen en el juego.

Quizas al principio les paresca algo aburrido o fuera de la trama de lo que seria un Fire Emblem como los que ya conocen, pero les aseguro que terminara siendo como uno. Por el momento solo invito a que lean y que opinen sobre el Fic, que mejorar o que no les gusta.

Me despido, dejando mi escrito y esperando sus criticas.
Ciao!