El sol ya casi se ocultaba por completo y Eidriam aun practicaba el esgrima con su hermano. Cada golpe con la espada cansaba mas a cada uno de ellos, pero no podían parar. Aquello era mas que una practica, una competencia. Los brazos les dolían, y debían volver a casa antes de la puesta de sol.
─Creo… que ya es hora de volver ─dijo Glenn sin dejar de atacar y contraatacar.
Eidriam no respondió, pero sabia que esa era la verdad. El tiempo pasaba volando cada vez que practicaba con Glenn, su hermano mayor. Era un buen oponente, y pocas veces había logrado vencerlo en un combate.
─Debemos acabar ahora ─dijo de nuevo sin obtener respuesta.
Eidriam trato de no prestarle atención y despojarlo de su espada, pero Glenn sabia sus intenciones y respondía a cada uno de sus ataques como si supiera que movimiento haría exactamente. Comenzaba a desesperarse, pues su padre les regañaría si llegaban tarde. Con un movimiento rápido, desvió el ataque vertical de Eidriam y golpeo la unión entre el mango y la hoja de su espada, provocando que esta cayera de las manos de su hermano. Eidriam maldijo y se tomo la mano adolorida.
─Hora de irnos.
─Te hubiera ganado, pero me desconcentre.
─Claro, como siempre ha pasado ¿no?
Eidriam refunfuño pero no respondió. La verdad es que no era tan bueno como su hermano. Glenn contaba con veintiún años, cuatro mas que Eidriam. Su padre había sido general de las tropas de Fenion en tempos de guerra. Contaba con una habilidad sorprendente ─según decían ─manejando hachas. Para el, había sido una desgracia que ninguno de sus hijos se especializara en aquello mismo, pero por lo menos habían “heredado la fuerza y habilidad de su padre”, como este solía decir.
Ambos hermanos caminaron sin decir palabra alguna hasta llegar a su hogar. Los dos miraron hacia el cielo, buscando alguna señal del sol que pudieran usar. Pero este ya se había ocultado por completo, y la única iluminación cercana provenía de las ventanas de la casa. Glenn abrió la puerta lenta y cuidadosamente, tratando de provocar el menor ruido posible. Pero no era necesario, su padre ya les esperaba, sentado cómodamente en el sillón de piel de la sala. Glenn y Eidriam bajaron la cabeza al entrar. Sabían que su padre los miraba, y trataban de evitar cualquier contacto visual. Pero su padre no dejo pasar la oportunidad de reprender a sus hijos ahora que al fin habían llegado.
─De nuevo tarde…
─Papá… te juro que ─trato de explicar Glenn, pero su padre lo cayo poniendo su dedo frente a sus labios.
─No me importa que excusa hayan planeado decir ahora. Estoy cansando de su irresponsabilidad y su falta de vergüenza.
─Pero déjanos…
─Basta Glenn ─dijo su padre con voz sonora ─, y tu eres quien mas debería avergonzarse. Estas a punto de entrar al ejercito y aun te comportas como un niño. Le das un mal ejemplo a tu hermano.
Glenn no respondió esta vez. No era la primera vez que le decía aquello, pero nunca dejaba de dolerle. Para su padre, el ejercito siempre había sido una cosa de primordial importancia y que siempre debía tomarse en cuenta, lo cual era comprensible, ya que su padre había pasado cerca de veintisiete años dirigiendo al ejercito del país.
─Papá… en realidad fue culpa mía el que llegáramos tarde…
─Eidriam… no trates de…
─No, es cierto. Glenn quería irse, pero yo seguí practicando sin escucharlo. Lo siento.
El antiguo general miro a sus hijos y finalmente se dio por vencido.
─Ya váyanse. Deben dormir, sin haber cenado.
Los muchachos obedecieron las palabras de su padre y se dirigieron a una habitación subiendo unas escaleras. La casa donde vivían no era una mansión, pero era grande debido a la antigua posición que su padre había ejercido. Contaba con tres cuartos, de los cuales uno se encontraba desocupado la mayoría del tiempo y era usado como cuarto de huéspedes. La casa contaba con cocina y una pequeña sala donde los invitados se sentaban a cumplir el propósito de su visita. Pero había un ultimo cuarto al que nadie entraba excepto el ex general. Aquel era el sótano, donde este guardaba todo lo relacionado a su trabajo en el ejercito, entre lo cual había mapas, armaduras, armas y demás objetos que pocas veces habían sido vistas o tocados. En una ocasión, Eidriam había entrado al Cuartel General, que era como el y Glenn le llamaban. Esa vez el tenia diez años aproximadamente y recordaba poco de la visita al cuarto. Había visto varios mapas colgados en la pared y una gran armadura que Eidriam había reconocido de las veces que su padre se iba a la guerra. Su padre llego y lo saco del cuarto jalándolo del brazo, además de haberle reprendido por desobedecer su regla mas importante.
Los hermanos se acostaron en sus respectivas camas, pero ninguno tenia sueño. Solo veían al techo. Tenían hambre.
─¿Porque papá sigue quitándonos la cena cada vez que rompemos sus reglas? ─dijo Eidriam molesto ─. Nos va a matar de hambre en lugar de enseñarnos algo.
Glenn rió, pero no dijo nada mas.
─No eres un mal ejemplo. En realidad me ayudas mucho, practicando, y todo eso.
─Quizás papá tenga razón.
─¿En que?
─Estoy a punto de entrar al ejercito y de convertirme en un hombre, debería tomar mas en serio las cosas. Además, el puesto en el que entrare será gracias a los contactos de nuestro padre. Le debo eso.
─Espera ─protesto Eidriam sentándose en la cama ─. El puesto no fue por los contactos de papá. Eres bueno con la espada, muy bueno. Te habrían dado el puesto aunque nuestro padre nunca hubiera sido general.
─…
─En serio.
─Gracias Eidriam.
─Buenas noches.
─Buenas noches.
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