Un rey se cierne sobre su trono. La oscuridad es completa, a excepción de una sola vela a punto de extinguirse en uno de los muchos candiles que se extienden a lo largo del salón. La alfombra roja, que llega desde las grandes puertas de caoba hasta el trono, ha perdido ya su esplendor y su color. Retratos de viejos reyes de la nación cubiertos de polvo hacen un intento de adornar la sala. El rey ha perdido el brillo de sus ojos. Solo mira al suelo, al pie de su trono, esperando. Las gruesas y pesadas puertas con grabados bañados en oro se abren poco a poco. Las bisagras, que comparten su edad con el salón, producen un chirrido lúgubre. Ahí, en el umbral de la puerta, aparece un joven de aspecto enfermizo. Su piel, blanca como el marfil, no ha sentido el calor del sol por varios días. Bajo los ojos del muchacho se aprecian unas marcadas ojeras, señal del poco sueño que han tenido. El joven camina lenta y temblorosamente, cual si el miedo se expandiera por su cuerpo con solo pisar aquella sala. Se detiene a varios metros del trono, temeroso de acercarse mas a su rey.
─¿Me ha llamado… señor?
El rey, después de mirar unos segundos mas hacia el suelo, vuelve la vista hacia el muchacho. Sus ojos demuestran locura, cosa que el joven puede notar, incluso en aquella oscuridad.
─Acércate… un poco mas -le responde el gobernante con la garganta seca. El muchacho da unos cuantos pasos hacia el trono, pesados y temblorosos a la vez.
─¿Estoy bien aquí, su majestad? ─pregunta el chico, evitando mirar a los ojos de su rey.
─Mas… acércate… un poco mas.
El joven da un par de pasos mas y se detiene.
─¿Que desea, su alteza? ─pregunta esta vez, antes de que el hombre en el trono le ordene caminar mas.
─¿Donde esta, Yuno? ¿Lo has conseguido ya?
El muchacho duda un poco antes de responder.
─No… su majestad. Nuestros hombres aun no han podido encontrar rastro de el.
─¿Porque… porque demoran tanto?
Yuno retrocede un poco al ver que el rey se levanta de su trono.
─¡Pe… pero señor! ─responde el joven con temor en su voz ─¡Hemos avanzado bastante en nuestra búsqueda!
─No lo suficiente ─responde sombriamente el rey, que ha empezado a bajar los peldaños bajo el trono.
─¡Pero lo encontraremos señor! ─afirma alarmado Yuno, quien retrocede a cada paso que el rey da ─¡Tenemos ya sospechas de el lugar donde esta oculto!
─¡¿Entonces porque… no lo han… encontrado?!
─¡Hemos tenido poco tiempo, señor. Por favor perdónenos!
Los pasos son cada vez mas sonoros en el salón. El rey parece ahora un cazador, listo para atrapar a su próxima victima. Yuno ya casi ha llegado a la puerta abierta.
─¡Podría haberte matado desde el inicio! ¡Pude haberlo encontrado ya, de no haberte encargado esta tarea!
─¡Lo encontrare, lo juro! ─dice Yuno acercándose a la puerta. Pero la puerta se cierra cuando esta a punto de salir. El rey se detiene a pocos centímetros de el.
─Por tu seguridad… espero que así sea.
Las puertas se abren y Yuno corre hacia donde el rey no pueda alcanzarlo mas.
─¡Treinta días! ─grita el rey.
Este camina de nuevo hacia su trono, lentamente. Llega ahí y se sienta. Vuelve a mirar al pie de su trono con sus ojos sin vida; ya nada en el tiene vida. Las puertas se cierran dejando la habitación en oscuridad de nuevo. La ultima vela se apaga por completo.
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