Durante la comida nadie hablo mucho. Eidriam estaba un poco cansado debido al entrenamiento. Su madre no dejaba de mirarlo con semblante preocupado. Desde que Glenn había cumplido la edad mínima para entrar al ejercito, no había dejado de preocuparse de lo que le podía pasar a sus hijos.
─¿Por qué Glenn no llega? ─pregunto.
─Hay muchos nuevos ingresos, querida ─le respondió su esposo ─. Ya no debe tardar.
La comida termino y Glenn no llego. Su madre comenzó a limpiar los platos y los cubiertos, mientras no dejaba de mirar por la ventana. Eidriam la miro antes de salir de la cocina. Su padre también comenzaba a preocuparse y se sentó a esperar en la sala. Eidriam decidió esperar un poco en su habitación también. Pero cuando se dirigía hacia allá, se escuchó el relinche de un caballo en la puerta. Los tres se dirigieron a la entrada rápidamente. Ahí estaba Glenn, que acababa de bajar de la carroza. Se despidió de Jeff y su padre y se dirigió con su familia. Se despidieron de la familia y Jeff y su padre se marcharon.
─Glenn, ¿por qué tardaste tanto? ─pregunto su madre ─Estaba muy preocupada.
─Si, perdón por la tardanza. De repente el servicio comenzó a ponerse lento y todos los que trabajaban ahí se veían alarmados.
─Que extraño ─dijo su padre.
─Pero ya estas dentro, ¿no? ─le pregunto Eidriam a su hermano.
─Si, y no sabes cuanto me alegra haber acabado con eso.
Todos guardaron silencio por un momento.
─Bien, entremos a casa ─dijo Glenn ─. No saben cuanta hambre tengo.
─Antes de que comas, hijo ─interrumpió su padre ─, te tengo una pequeña sorpresa.
Nadie dijo nada, y acto seguido, el hombre fue a la parte trasera de la casa indicando que no lo siguieran. En poco tiempo volvió, y traía consigo un hermoso caballo blanco sujetándolo por la rienda. Glenn sonrió instantáneamente y corrió hacia el corcel.
─¡No puedo creerlo! ─dijo acariciando al caballo ─¡Finalmente! ¡Gracias, papá! ─y abrazo a su padre.
─Tu madre y yo creemos que ya que entras al ejercito, es tiempo de que tengas tu propio caballo.
─Gracias ─dijo nuevamente el muchacho.
─Pero ahora es momento de que entres y comas un poco.
Glenn asintió y llevo al caballo de donde su padre lo había traído. Al entrar a la casa se dirigió directamente a la cocina y comió rápidamente con una mezcla de hambre y ansiedad por montar el caballo. Al terminar, corrió a buscar a Eidriam, quien estaba en su habitación.
─Vamos, Eidriam. Salgamos a chocar un poco las espadas.
─Bien, pero si ganas será porque tu ventaja aumento.
Glenn rió.
─Vamos ya, muévete.
Y ambos hermanos salieron al bosque. Glenn se dirigió por su nuevo caballo mientras Eidriam le hacia cortes a un tronco en el suelo. Glenn llego ya montado y con espada en mano.
─Sabes, quizás no tenga tanta ventajas como piensas. Mantener un buen equilibro aquí y combatir no parece muy sencillo.
─Adelante entonces ─dijo Eidriam blandiendo su espada contra la de su hermano.
Glenn apenas respondió a tiempo y cubrió el ataque, aunque casi caía del caballo.
Eidriam corrió sin dejar de mirarlo y se interno más en el bosque. Glenn lo siguió sujetando fuertemente la rienda del caballo y poco a poco se fueron internando más en el bosque. Glenn subió un poco la velocidad de sus ataques, pero aun tenia problemas en mantenerse sobre el caballo. Varias veces cayo sin ocasionarse lesiones graves, pero provocando que Eidriam riera. Practicaron hasta que oscureció, era momento de volver a casa. Eidriam caminaba despacio frente a Glenn, mientras este se quejaba de sus múltiples moretones. De un momento a otro, se oyó el trote apresurado de un caballo por toda el área.
─Tranquilízate ya, Glenn ─dijo Eidriam volteando a su hermano.
Pero este se encontraba a pie dirigiendo su caballo con las riendas en sus manos. Se encogió de hombros y comenzó a pasear su mirada por todo el bosque, al igual que Eidriam. Comenzaron a correr hasta tener su casa a la vista. Se detuvieron tras unos árboles al ver que los trotes apresurados pertenecían a una carroza armada que se detenía frente a su casa.
─Es una carroza del ejercito ─le susurro Glenn a su hermano.
Miraron atentamente como un hombre con una gran armadura y capa bajaba de la carroza y tocaba la puerta. Abrió el padre de Glenn y Eidriam. Estos trataron de oír lo mejor posible sin ser vistos.
─¿General Garte? ─dijo el hombre de capa.
─¿Si?
─Necesitamos su ayuda en el cuartel.
─¿Qué ocurre?
─Han atacado Bahen, la frontera entre Vorgen y Dirmas. Los detalles le serán informados en la capital.
─¿Qué? ¿La capital?
─Habrá una guerra, general. Una gran guerra.
El padre de Eidriam lo pensó un poco y miro a su esposa, que se encontraba a su lado y que se encontraba a punto de llorar.
─Bien ─dijo el hombre ─, iré con ustedes.
El y su esposa entraron a la casa y cerraron la puerta, mientras el hombre de la capa regresaba a la carroza.
─¿Una guerra? ─pregunto Eidriam en un susurro a su hermano ─¿Quién la provoco?
─Bahen es la frontera entre Vorgen y Dirmas por parte del segundo. Debió ser Vorgen.
─¿Pero porque...?
─No lo se...
─¿Por qué papá debe irse?
Glenn no tenia respuesta para esa pregunta, la pregunta que el también se hacia. Su padre salio por la puerta diez minutos después llevando una pequeña maleta. Abrazo a su esposa ─quien tenia la cara empapada de lagrimas ─por un largo momento y le dijo algo al oído. Después la soltó y se dirigió al hombre dentro de la carroza.
─Estoy listo.
─En ese caso, suba por favor.
Eidriam y Glenn observaron como su padre subía a la carroza, después de una última mirada a su esposa. La carroza comenzó a andar, y por una de las ventanas se asomaba su padre. Los miraba. Se despidió con un gesto, con una sonrisa. Poco después, la carroza se había perdido de vista en la oscuridad. Glenn y Eidriam no pudieron hacer más que mirar a la nada, mirar y esperar que todo fuera un sueño.
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