domingo, 25 de febrero de 2007

Capitulo 2: Plan de Ataque

Los mas grandes generales de Vorgen se habían reunido en un salón especial en el cuartel nacional, ubicado en Ramdo, la capital de dicho país. Ahí se encontraban los militares mas famosos y poderosos de la nación, admirados por su liderazgo y su habilidad en el combate. En total, se hallaban ocho hombres en el salón. Todos sabían el porque habían sido llamados, ya era toda una noticia en la milicia, y sin embargo, nadie conocía la razón de aquellos rumores. Las puertas se abrieron para dejar pasar a un joven sabio que manipulaba la magia anima. Todos se levantaron al momento de que el mago estuviera de pie frente a su lugar en la mesa.
─Saludos, General Yuno ─dijeron todos al unísono.
─Saludos ─respondió Yuno sentándose ─. Seguramente, ya todos saben porque fueron llamados a esta junta urgente.
Nadie respondió.
─¿Alguien lo sabe? ¿Nadie? ─el mago cerro los ojos y guardo silencio, para después abrirlos de golpe y gritar ─¡¿Creen que soy un idiota?! ¡¿Con quien creen que están hablando?! ¡Ahora alguien abra la boca o mandare fusilarlos a todos!
Todos los generales intercambiaron miradas, algunas asustadas, otras calmadas. Uno de los generales se puso de pie.
─¿General Ordon? ─dijo el mago, que, al parecer, había recuperado la calma.
─Es por la misión de búsqueda que el rey a decretado ─respondió el general a mando de las ciudades del noreste.
─Bien, parece haber por lo menos alguien que recuerde las ordenes de su rey. Como dijo el general Ordon, la misión de búsqueda del rey sigue en pie, ya que los resultados de la misma no han sido satisfactorio. Desde ahora, la misión se llevara a cabo fuera de Vorgen.
Entre la sala comenzaron a correr protestas, comentarios y opiniones, pero Yuno dio una orden de silencio moviendo sus manos desde la altura del centro de su pecho hasta llegar a sus hombros de forma horizontal. Todos callaron.
─Pero general ─se levanto un hombre con armadura grande y pesada ─, las demás naciones no nos permitirán inspeccionar sus ciudades de tal forma que nosotros hemos hecho, en especial Alphen.
─Es por eso que han sido llamados, General Umcred, para planear la forma en la que continuaremos nuestra búsqueda.
Todos dejaron de hablar y miraron al joven y poderoso mago.
─Se formara una guerra… una gran guerra.
─¿Y no haría usted cualquier cosa por cumplir con su rey y su nación, general? ─pregunto Yuno con una sonrisa.
─¡S-si, por supuesto! ─contesto Umcred, general a mando de las ciudades del suroeste.
─Bien, si ya todos han entendido, proseguiré con la explicación del plan.
El mago volteo hacia uno de los soldados a su lado, quien le entrego un mapa del continente. Yuno lo extendió sobre la mesa, haciendo que los ocho generales se acercaran disimuladamente a el.
─Existen seis países en el continente de Meslion: Dirmas, Trudia, Alphen, Cirian, Fenion y, por supuesto, Vorgen. Como todos sabemos, Dirmas es el país con la mayor fuerza militar y mayor potencial en armas. Por esta razón, este será el país que atacaremos primero, para invadir con nuestras mejores fuerzas y conseguir el éxito. Después…
─Pero, General Yuno… ¿Que pasara con los países aliados? ¿También serán atacados?
─Ya hay un pequeño grupo de personas de Información encargándose de eso. Fenion es nuestro principal aliado, nuestro objetivo es conseguir que se unan a nuestra causa. También tenemos buenos lazos con Cirian, pero últimamente nuestra relación no ha ido bien. En cambio, Alphen es, como muchos llaman, “el enemigo de Vorgen”. Eso le da muchos puntos para convertirse en el segundo blanco, pero aun no es seguro. Después de todo, su fuerza militar no es muy grande ─dijo Yuno sonriendo, como si se tratara de un chiste ─. Las demás posiciones aun están pendientes, así como que general atacara cada país. En algunos casos, serán dos generales los que ataquen un solo país.
Todos se miraron tratando de adivinar que país tendrían que invadir y quizás destruir.
─General ─dijo otro de los hombres poniéndose de pie ─, en cuanto ataquemos un país sin razón alguna alguno otro se unirá a su lucha. Eso nos pone muy vulnerables.
─No es el primero en pensar eso. Es por eso que la operación debe hacerse velozmente. Debemos atacar las fuerzas enemigas lo mas rápido posible. El objeto debe ser encontrado en menos de un mes, o todos morirán.
Se produjo un silencio en la sala que nadie se atrevía a romper.
─Pero… ─interrumpió el mago entre los pensamientos ─en su “visita” no deben olvidar el principal objetivo entre tanta matanza: ─a todos se les formo un nudo en la garganta ante esa palabra─ la búsqueda.
Y así, el joven sabio partió, dejando solo confusión.

jueves, 22 de febrero de 2007

Capitulo 1: Un joven de Cilgen

El sol ya casi se ocultaba por completo y Eidriam aun practicaba el esgrima con su hermano. Cada golpe con la espada cansaba mas a cada uno de ellos, pero no podían parar. Aquello era mas que una practica, una competencia. Los brazos les dolían, y debían volver a casa antes de la puesta de sol.
─Creo… que ya es hora de volver ─dijo Glenn sin dejar de atacar y contraatacar.
Eidriam no respondió, pero sabia que esa era la verdad. El tiempo pasaba volando cada vez que practicaba con Glenn, su hermano mayor. Era un buen oponente, y pocas veces había logrado vencerlo en un combate.
─Debemos acabar ahora ─dijo de nuevo sin obtener respuesta.
Eidriam trato de no prestarle atención y despojarlo de su espada, pero Glenn sabia sus intenciones y respondía a cada uno de sus ataques como si supiera que movimiento haría exactamente. Comenzaba a desesperarse, pues su padre les regañaría si llegaban tarde. Con un movimiento rápido, desvió el ataque vertical de Eidriam y golpeo la unión entre el mango y la hoja de su espada, provocando que esta cayera de las manos de su hermano. Eidriam maldijo y se tomo la mano adolorida.
─Hora de irnos.
─Te hubiera ganado, pero me desconcentre.
─Claro, como siempre ha pasado ¿no?
Eidriam refunfuño pero no respondió. La verdad es que no era tan bueno como su hermano. Glenn contaba con veintiún años, cuatro mas que Eidriam. Su padre había sido general de las tropas de Fenion en tempos de guerra. Contaba con una habilidad sorprendente ─según decían ─manejando hachas. Para el, había sido una desgracia que ninguno de sus hijos se especializara en aquello mismo, pero por lo menos habían “heredado la fuerza y habilidad de su padre”, como este solía decir.
Ambos hermanos caminaron sin decir palabra alguna hasta llegar a su hogar. Los dos miraron hacia el cielo, buscando alguna señal del sol que pudieran usar. Pero este ya se había ocultado por completo, y la única iluminación cercana provenía de las ventanas de la casa. Glenn abrió la puerta lenta y cuidadosamente, tratando de provocar el menor ruido posible. Pero no era necesario, su padre ya les esperaba, sentado cómodamente en el sillón de piel de la sala. Glenn y Eidriam bajaron la cabeza al entrar. Sabían que su padre los miraba, y trataban de evitar cualquier contacto visual. Pero su padre no dejo pasar la oportunidad de reprender a sus hijos ahora que al fin habían llegado.
─De nuevo tarde…
─Papá… te juro que ─trato de explicar Glenn, pero su padre lo cayo poniendo su dedo frente a sus labios.
─No me importa que excusa hayan planeado decir ahora. Estoy cansando de su irresponsabilidad y su falta de vergüenza.
─Pero déjanos…
─Basta Glenn ─dijo su padre con voz sonora ─, y tu eres quien mas debería avergonzarse. Estas a punto de entrar al ejercito y aun te comportas como un niño. Le das un mal ejemplo a tu hermano.
Glenn no respondió esta vez. No era la primera vez que le decía aquello, pero nunca dejaba de dolerle. Para su padre, el ejercito siempre había sido una cosa de primordial importancia y que siempre debía tomarse en cuenta, lo cual era comprensible, ya que su padre había pasado cerca de veintisiete años dirigiendo al ejercito del país.
─Papá… en realidad fue culpa mía el que llegáramos tarde…
─Eidriam… no trates de…
─No, es cierto. Glenn quería irse, pero yo seguí practicando sin escucharlo. Lo siento.
El antiguo general miro a sus hijos y finalmente se dio por vencido.
─Ya váyanse. Deben dormir, sin haber cenado.
Los muchachos obedecieron las palabras de su padre y se dirigieron a una habitación subiendo unas escaleras. La casa donde vivían no era una mansión, pero era grande debido a la antigua posición que su padre había ejercido. Contaba con tres cuartos, de los cuales uno se encontraba desocupado la mayoría del tiempo y era usado como cuarto de huéspedes. La casa contaba con cocina y una pequeña sala donde los invitados se sentaban a cumplir el propósito de su visita. Pero había un ultimo cuarto al que nadie entraba excepto el ex general. Aquel era el sótano, donde este guardaba todo lo relacionado a su trabajo en el ejercito, entre lo cual había mapas, armaduras, armas y demás objetos que pocas veces habían sido vistas o tocados. En una ocasión, Eidriam había entrado al Cuartel General, que era como el y Glenn le llamaban. Esa vez el tenia diez años aproximadamente y recordaba poco de la visita al cuarto. Había visto varios mapas colgados en la pared y una gran armadura que Eidriam había reconocido de las veces que su padre se iba a la guerra. Su padre llego y lo saco del cuarto jalándolo del brazo, además de haberle reprendido por desobedecer su regla mas importante.
Los hermanos se acostaron en sus respectivas camas, pero ninguno tenia sueño. Solo veían al techo. Tenían hambre.
─¿Porque papá sigue quitándonos la cena cada vez que rompemos sus reglas? ─dijo Eidriam molesto ─. Nos va a matar de hambre en lugar de enseñarnos algo.
Glenn rió, pero no dijo nada mas.
─No eres un mal ejemplo. En realidad me ayudas mucho, practicando, y todo eso.
─Quizás papá tenga razón.
─¿En que?
─Estoy a punto de entrar al ejercito y de convertirme en un hombre, debería tomar mas en serio las cosas. Además, el puesto en el que entrare será gracias a los contactos de nuestro padre. Le debo eso.
─Espera ─protesto Eidriam sentándose en la cama ─. El puesto no fue por los contactos de papá. Eres bueno con la espada, muy bueno. Te habrían dado el puesto aunque nuestro padre nunca hubiera sido general.
─…
─En serio.
─Gracias Eidriam.
─Buenas noches.
─Buenas noches.

sábado, 17 de febrero de 2007

Prologo

Un rey se cierne sobre su trono. La oscuridad es completa, a excepción de una sola vela a punto de extinguirse en uno de los muchos candiles que se extienden a lo largo del salón. La alfombra roja, que llega desde las grandes puertas de caoba hasta el trono, ha perdido ya su esplendor y su color. Retratos de viejos reyes de la nación cubiertos de polvo hacen un intento de adornar la sala. El rey ha perdido el brillo de sus ojos. Solo mira al suelo, al pie de su trono, esperando. Las gruesas y pesadas puertas con grabados bañados en oro se abren poco a poco. Las bisagras, que comparten su edad con el salón, producen un chirrido lúgubre. Ahí, en el umbral de la puerta, aparece un joven de aspecto enfermizo. Su piel, blanca como el marfil, no ha sentido el calor del sol por varios días. Bajo los ojos del muchacho se aprecian unas marcadas ojeras, señal del poco sueño que han tenido. El joven camina lenta y temblorosamente, cual si el miedo se expandiera por su cuerpo con solo pisar aquella sala. Se detiene a varios metros del trono, temeroso de acercarse mas a su rey.
─¿Me ha llamado… señor?
El rey, después de mirar unos segundos mas hacia el suelo, vuelve la vista hacia el muchacho. Sus ojos demuestran locura, cosa que el joven puede notar, incluso en aquella oscuridad.
─Acércate… un poco mas -le responde el gobernante con la garganta seca. El muchacho da unos cuantos pasos hacia el trono, pesados y temblorosos a la vez.
─¿Estoy bien aquí, su majestad? ─pregunta el chico, evitando mirar a los ojos de su rey.
─Mas… acércate… un poco mas.
El joven da un par de pasos mas y se detiene.
─¿Que desea, su alteza? ─pregunta esta vez, antes de que el hombre en el trono le ordene caminar mas.
─¿Donde esta, Yuno? ¿Lo has conseguido ya?
El muchacho duda un poco antes de responder.
─No… su majestad. Nuestros hombres aun no han podido encontrar rastro de el.
─¿Porque… porque demoran tanto?
Yuno retrocede un poco al ver que el rey se levanta de su trono.
─¡Pe… pero señor! ─responde el joven con temor en su voz ─¡Hemos avanzado bastante en nuestra búsqueda!
─No lo suficiente ─responde sombriamente el rey, que ha empezado a bajar los peldaños bajo el trono.
─¡Pero lo encontraremos señor! ─afirma alarmado Yuno, quien retrocede a cada paso que el rey da ─¡Tenemos ya sospechas de el lugar donde esta oculto!
─¡¿Entonces porque… no lo han… encontrado?!
─¡Hemos tenido poco tiempo, señor. Por favor perdónenos!
Los pasos son cada vez mas sonoros en el salón. El rey parece ahora un cazador, listo para atrapar a su próxima victima. Yuno ya casi ha llegado a la puerta abierta.
─¡Podría haberte matado desde el inicio! ¡Pude haberlo encontrado ya, de no haberte encargado esta tarea!
─¡Lo encontrare, lo juro! ─dice Yuno acercándose a la puerta. Pero la puerta se cierra cuando esta a punto de salir. El rey se detiene a pocos centímetros de el.
─Por tu seguridad… espero que así sea.
Las puertas se abren y Yuno corre hacia donde el rey no pueda alcanzarlo mas.
─¡Treinta días! ─grita el rey.
Este camina de nuevo hacia su trono, lentamente. Llega ahí y se sienta. Vuelve a mirar al pie de su trono con sus ojos sin vida; ya nada en el tiene vida. Las puertas se cierran dejando la habitación en oscuridad de nuevo. La ultima vela se apaga por completo.

Comenzando

Bienvenidos todos.

Ojala disfruten de este Fan Fic basado en Fire Emblem, titulado Pacto de Almas. El tema es, como en cualquier juego, sobre la guerra en un continente y un grupo que lucha en ella. Las armas, clases de guerreros y promociones estan tambien basados en las que aparecen en el juego.

Quizas al principio les paresca algo aburrido o fuera de la trama de lo que seria un Fire Emblem como los que ya conocen, pero les aseguro que terminara siendo como uno. Por el momento solo invito a que lean y que opinen sobre el Fic, que mejorar o que no les gusta.

Me despido, dejando mi escrito y esperando sus criticas.
Ciao!