A la mañana siguiente Eidriam y Glenn despertaron un poco mas temprano de lo usual. Se dirigieron directamente a la cocina y desayunaron con una gran satisfacción. Al terminar de comer, dispuestos a dejar la cocina, se encontraron con su madre en el umbral de la puerta.
─¿Cómo amanecieron? ─pregunto con una sonrisa.
─Bien, mamá ─respondieron al unísono.
─Ojala hayan desayunado bien ─les dijo adentrándose a la cocina ─. Seguramente durmieron hambrientos, después de practicar tanto.
─No te preocupes ─contesto Glenn ─. Desayunamos bastante.
─Que bien, necesitan comer mucho ─dijo dejando de mirarlos y dirigiéndose a buscar algunas cuantas cazuelas ─. Después de todo, pronto se irán al ejercito ─termino con la voz baja y la cara oculta.
Glenn y Eidriam se miraron fastidiados y caminaron hacia ella.
─Mamá, el que vallamos al ejercito no significa que dejaremos de verte ─dijo Eidriam.
─Si, después de todo, no hay guerras a la vista. Estaremos bien. Además, a Eidriam le faltan algunos años.
─Si ─dijo abrazándolos ─, creo que tienen razón. Los veré a la hora de comer.
─Aquí estaremos ─dijo Glenn mientras salía de la cocina al lado de Eidriam.
Pasaron la sala sigilosamente por si su padre se encontraba ahí. Después de una noche de regaños era mejor evitarlo. Pero no estaba, la sala se encontraba vacía. Ambos se encogieron de hombros y caminaron hasta salir de la casa. Era un día soleado con pocas nubes.
─¿Qué haremos? ─pregunto Eidriam mirando el cielo ─¿Practicar de nuevo?
─Lo siento Eidriam, tendrás que practicar sin mi.
─¿Qué? ¿Por qué?
─Voy con Jeff.
─¿De nuevo?
─Su padre nos llevara al cuartel del ejercito. Tenemos que enlistarnos.
─Pensé que entrarías hasta dentro de un mes.
─Yo también ─dijo encogiéndose de hombros ─, pero papá insistió.
─Oh...
─Bueno, adiós.
Y camino hacia el este, dejando a Eidriam solo. Este lo miro irse y maldijo. Pensó en volver a la casa, pero no tenia nada que hacer. Quizás Nathan estaría libre para dar unos cuantos golpes. Camino a través de algunos árboles hasta llegar a una casa mas pequeña que la suya. Fue hacia la puerta y toco un par de veces. Abrió una pequeña niña de cabello claro y una sonrisa brillante.
─Hola Eidriam.
─Hola Sophie. No sabes si...
─Nathan esta castigado ─rió un poco.
─¿En serio? ¿Ahora porque?
─Salió por la noche sin que mi mamá le diera permiso ─y rio de nuevo.
─Oh, bueno, entonces...
─¡Solo es por un minuto! ─se escucho una voz masculina desde el interior de la casa ─¡No, no voy a escapar!
Sophie se rió una vez mas y corrió hacia la casa para dar lugar a Nathan en el umbral de la puerta.
─¿Qué tal, Eidriam?
─¿A dónde fuiste esta vez?
─Anna quería mostrarme algo en el bosque.
─Con razón tu madre no te creyó.
─¡Bueno, bueno! No es la verdad, pero tampoco es totalmente mentira. Y ahora estoy viviendo un infierno.
─¿Por cuánto es el castigo?
─Una semana.
─No es tanto.
─¿No? ¡Me obliga a hacer los trabajos pesados!
─Cortar leña y reparar unas cuantas cosas no son trabajo pesado.
─Quizás para ti no...
─Bueno, entonces me iré. Solo vine para ver si querrías practicar un poco ─dijo Eidriam caminando hacia el lugar por el que había venido.
─No me convencerás. Sabes que nada me gustaría mas que vencerte, pero ahora no puedo.
─Bien, como quieras.
─Adiós.
─¡Demonios! ¿En verdad no vendrás?
─No, lo siento. Ya estoy en problemas ahora por irme cuando no estoy castigado. No quiero saber que pasara si lo hago mientras lo estoy.
─De acuerdo, será otro día. Adiós.
─Adiós...
─¡Regresa, que aun tienes mucho trabajo que hacer! ─se oyó desde el interior.
─¡Allá voy! ¡No te pongas histérica! ─grito Nathan antes de cerrar la puerta de golpe.
Eidriam vio unos momentos mas la casa y después volteo hacia el camino de regreso a casa. Camino lenta y tediosamente. Al llegar ahí, su padre lo esperaba. Eidriam, al verlo, trato de regresar y esconderse un momento entre los árboles. Pero era tarde para eso, su padre ya lo miraba.
─¡Eidriam, ven acá!
Eidriam refunfuño un poco y camino lentamente hacia su padre.
─¿Si, papá?
─Veo que no tienes nada que hacer.
─Bueno, Glenn se esta enlistando y Nathan esta castigado. No hay mucho que hacer.
─¿Y porque insistes tanto en practicar tu técnica con la espada? Es lo único que haces todos los días. Incluso sin tu hermano.
─No hay muchas cosas a las cuales dedicarse en estos tiempos ─respondió Eidriam ─. Supongo que el ejercito es lo que mas me atrae, y debo ser bueno, para ser reconocido.
─¿Quieres ser un comandante famoso?
─Quizás.
─Ven acá.
Eidriam dejo de mirar el horizonte y se dirigió hacia donde estaba su padre. Cuando llego, este dejo a la vista una hacha que había tenido escondida tras la espalda.
─Entonces practiquemos.
Eidriam sonrió y desenfundo su espada. Durante la practica, su padre le dio ciertos concejos y algunas maneras de corregir lo que hacia mal. El tiempo paso volando para Eidriam, y cuando menos lo esperaba, su madre los llamaba a el y a su padre a comer.
─Es tiempo de un descanso ─le dijo su padre a Eidriam.
─Que lastima, estaba a punto de derrotarte.
El hombre rió. Eidriam también rió y los dos entraron a la casa.
jueves, 15 de marzo de 2007
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