viernes, 22 de junio de 2007

Capitulo 5: Alianza (DIA 2)

Todos en el cuartel del ejército se encontraban alarmados. La gente corría y entraba a cada uno de los cuartos del edificio. Se había pedido desalojar el lugar para hacer una reunión entre todos los generales y fuerzas militares del país. Aunque hubo sido un solo ataque, la gente que conocía el hecho se encontraba asustada. Todas las naciones habían mantenido la paz entre si durante mas de mil años, y el hecho de que esa quietud se hubiera visto quebrantada de un momento a otro era suficiente motivo para alarmarse.

Ya se encontraban ahí la mayoría de los generales del país, pero habían pedido, por si acaso, la ayuda de antiguos militares como estrategas. Ya solo faltaban dos personas por hacer presencia, pero no tardarían mucho. Habían enviado a los mensajeros mas rápidos para ir por ellos y llevarlos a Gondia, la capital de Fenion. Ya pasaba de la primera hora de la mañana, y muchos se encontraban fastidiados y cansados. El Capitán General de las fuerzas del país esperaba la llegada de los dos hombres. El también se encontraba cansado, pero aquello era urgente. Si se desataba una guerra, como todos predecían, necesitarían la mayor ayuda posible. Espero un poco mas, apoyado en la puerta principal del cuartel. Miraba la luna y las nubes, tan solo para entretenerse un poco. Pero a cada minuto que pasaba comenzaba a perder la esperanza de que llegaran. Se froto las manos. El invierno comenzaba, y cada noche era más fría que la anterior. Y entonces lo escucho. El trote apresurado de varios caballos, el ruido de las ruedas de manera sobre la tierra. Miro hacia el camino que se extendía frente a el. Ahí estaban, al fin. La carroza se acercaba a toda velocidad. El hombre sonrió y entro al edificio, y de ahí, al salón principal del cuartel. Ahí se encontraban no menos de treinta hombres, entre capitanes, generales y mayores.

─Ya han llegado ─le dijo a la multitud.

Nadie dijo nada, pero una expresión de alivio paseo por la boca de todos ahí. El hombre se dirigió a su lugar en la gran mesa y se sentó. En ese momento entraron los hombres a quienes esperaban.

─Buenas noches ─dijeron ambos al entrar.

─Buenos días ─dijo sonriendo irónicamente el capitán general ─, tomen asiento, por favor.

Los hombres obedecieron, llenando así los lugares en la mesa por completo.

─Mi nombre es Riderick, Capitán Riderick ─dijo el capitán dirigiéndose a los hombres mas longevos─. Ya todos deben tener una idea de que es lo que ha pasado ─dijo ahora dirigiéndose a todos en la sala ─. Vorgen ataco a Bahen, ciudad de Dirmas, sin precio aviso y sin razón alguna. Muchos creen que esto desatara una guerra, pues Dirmas se ha visto obligado a responder al ataque. Quizás estas acciones involucren al continente entero. Nuestros espías ya partieron a dichas naciones para investigar los conflictos internos entre los países y las razones de los ataques. Nuestro ejercito debe ser preparado para proteger nuestro país o servir de apoyo a alguno de nuestros aliados. Actualmente no se ha presentado ninguna petición de ampara, pues Vorgen es la nación militar mas poderosa después de Dirmas. Pero cualquier situación puede presentarse, así que debemos estar prevenidos.

Nadie hablaba. Los más viejos, en los lugares mas alejados, solo miraban confundidos.

─Oh, lo había olvidado ─dijo Riderick ─. Nuestros invitados especiales. Háganos el favor de presentarse.

─Ex-General Furjan ─dijo el primero.

─Ex-General Peyrion ─dijo el segundo.

─Ex-General Garte ─dijo el tercero.

─Ex-Comandante Quentin─ dijo el cuarto.

─Gracias, ya se habrán preguntado que hacen aquí. Todos ustedes se retiraron hace algunos años. Durante la época en la que estuvieron trabajando para el país en la milicia hubieron pequeñas guerras civiles y pocos conflictos internacionales. Sin embargo, ustedes fueron conmemorados por su estrategia y comando en el campo de batalla. Ahora que lo más probable es que se desate una gran guerra, necesitamos su astucia estratega. ¿Ayudaran una vez más a su nación?

─¡Si, señor! ─dijeron los cuatro a la vez, como si fueran aun jóvenes recién reclutados.

─Bien. Cada quien diríjase a su respectivo fuerte de batalla para proteger Fenion de invasiones enemigas. Ustedes ─dijo refiriéndose a los antiguos generales ─, permanecerán aquí para apoyar a cualquiera de las ciudades.

Todos en la sala asintieron y abandonaron poco a poco aquel lugar, dejando vacio el salón, como había estado por mucho tiempo.

Las horas pasaban en el palacio real, pero nada parecía mejorar. Se acababa de dar a conocer otro ataque a Dirmas y todas las naciones se encontraban alarmadas. No sabían que esperar de Vorgen. El rey de Fenion no se había comunicado mas que por un único mensajero para toda la nación. Había estado sentado en su trono por bastante tiempo. Sentía poco las piernas. Esperaba algún mensaje de algún otro país o por lo menos una buena noticia de su patria. Miraba los vitrales de la sala, como buscando alguna respuesta en ellos. De un momento a otro, se oyó la pesada puerta abrirse. Ahí se encontraba Erick, el mensajero en quien mas confiaba.

─¿Puedo pasar, señor?

─¡Claro, claro. Adelante!

El mensajero camino hasta llegar a unos cuantos metros antes del trono.

─¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado? ─pregunto el rey desesperado.

─Lo que estaba esperando, mi señor ─dijo Erick sin expresión alguna en el rostro ─. El General Yuno se encuentra aquí. Quiere hablar con usted.

─Bien, hazlo pasar.

Erick asintió y camino lentamente hacia la puerta, y estando ahí, la cerro poco a poco, dejando al rey de nuevo en su agonía. En menos de un minuto, las puertas volvieron a abrirse, dejando pasar esta vez a Yuno. Este camino la misma distancia que Erick había recorrido, y se detuvo. Hacia tiempo que el rey no veía a Yuno, y ahora le parecia mas grande, pero no mas fuerte.

─Saludos, majestad ─saludo el mago con una sonrisa.

─Saludos, Yuno. Dime a que has venido.

Yuno continúo sonriendo sin descaro mientras lo observaba. Las puertas a su espalda se cerraron poco a poco, para dejar solo a aquellos dos en la sala.

Quince minutos después, las puertas volvieron a abrirse para dejar salir a Yuno, quien aun no perdía su sonrisa. Todos los presentes lo observaron hasta que se hubiera marchado. Entonces Erick volvió a entrar a la sala del trono, para salir poco después con un mensaje dicho por el mismo rey: la alianza entre Vorgen y Fenion estaba hecha, ofreciendo así a la nación atacante su apoyo total.

jueves, 14 de junio de 2007

Capitulo 4: El comienzo del fin

Durante la comida nadie hablo mucho. Eidriam estaba un poco cansado debido al entrenamiento. Su madre no dejaba de mirarlo con semblante preocupado. Desde que Glenn había cumplido la edad mínima para entrar al ejercito, no había dejado de preocuparse de lo que le podía pasar a sus hijos.

─¿Por qué Glenn no llega? ─pregunto.

─Hay muchos nuevos ingresos, querida ─le respondió su esposo ─. Ya no debe tardar.

La comida termino y Glenn no llego. Su madre comenzó a limpiar los platos y los cubiertos, mientras no dejaba de mirar por la ventana. Eidriam la miro antes de salir de la cocina. Su padre también comenzaba a preocuparse y se sentó a esperar en la sala. Eidriam decidió esperar un poco en su habitación también. Pero cuando se dirigía hacia allá, se escuchó el relinche de un caballo en la puerta. Los tres se dirigieron a la entrada rápidamente. Ahí estaba Glenn, que acababa de bajar de la carroza. Se despidió de Jeff y su padre y se dirigió con su familia. Se despidieron de la familia y Jeff y su padre se marcharon.

─Glenn, ¿por qué tardaste tanto? ─pregunto su madre ─Estaba muy preocupada.

─Si, perdón por la tardanza. De repente el servicio comenzó a ponerse lento y todos los que trabajaban ahí se veían alarmados.

─Que extraño ─dijo su padre.

─Pero ya estas dentro, ¿no? ─le pregunto Eidriam a su hermano.

─Si, y no sabes cuanto me alegra haber acabado con eso.

Todos guardaron silencio por un momento.

─Bien, entremos a casa ─dijo Glenn ─. No saben cuanta hambre tengo.

─Antes de que comas, hijo ─interrumpió su padre ─, te tengo una pequeña sorpresa.

Nadie dijo nada, y acto seguido, el hombre fue a la parte trasera de la casa indicando que no lo siguieran. En poco tiempo volvió, y traía consigo un hermoso caballo blanco sujetándolo por la rienda. Glenn sonrió instantáneamente y corrió hacia el corcel.

─¡No puedo creerlo! ─dijo acariciando al caballo ─¡Finalmente! ¡Gracias, papá! ─y abrazo a su padre.

─Tu madre y yo creemos que ya que entras al ejercito, es tiempo de que tengas tu propio caballo.

─Gracias ─dijo nuevamente el muchacho.

─Pero ahora es momento de que entres y comas un poco.

Glenn asintió y llevo al caballo de donde su padre lo había traído. Al entrar a la casa se dirigió directamente a la cocina y comió rápidamente con una mezcla de hambre y ansiedad por montar el caballo. Al terminar, corrió a buscar a Eidriam, quien estaba en su habitación.

─Vamos, Eidriam. Salgamos a chocar un poco las espadas.

─Bien, pero si ganas será porque tu ventaja aumento.

Glenn rió.

─Vamos ya, muévete.

Y ambos hermanos salieron al bosque. Glenn se dirigió por su nuevo caballo mientras Eidriam le hacia cortes a un tronco en el suelo. Glenn llego ya montado y con espada en mano.

─Sabes, quizás no tenga tanta ventajas como piensas. Mantener un buen equilibro aquí y combatir no parece muy sencillo.

─Adelante entonces ─dijo Eidriam blandiendo su espada contra la de su hermano.

Glenn apenas respondió a tiempo y cubrió el ataque, aunque casi caía del caballo.

Eidriam corrió sin dejar de mirarlo y se interno más en el bosque. Glenn lo siguió sujetando fuertemente la rienda del caballo y poco a poco se fueron internando más en el bosque. Glenn subió un poco la velocidad de sus ataques, pero aun tenia problemas en mantenerse sobre el caballo. Varias veces cayo sin ocasionarse lesiones graves, pero provocando que Eidriam riera. Practicaron hasta que oscureció, era momento de volver a casa. Eidriam caminaba despacio frente a Glenn, mientras este se quejaba de sus múltiples moretones. De un momento a otro, se oyó el trote apresurado de un caballo por toda el área.

─Tranquilízate ya, Glenn ─dijo Eidriam volteando a su hermano.

Pero este se encontraba a pie dirigiendo su caballo con las riendas en sus manos. Se encogió de hombros y comenzó a pasear su mirada por todo el bosque, al igual que Eidriam. Comenzaron a correr hasta tener su casa a la vista. Se detuvieron tras unos árboles al ver que los trotes apresurados pertenecían a una carroza armada que se detenía frente a su casa.

─Es una carroza del ejercito ─le susurro Glenn a su hermano.

Miraron atentamente como un hombre con una gran armadura y capa bajaba de la carroza y tocaba la puerta. Abrió el padre de Glenn y Eidriam. Estos trataron de oír lo mejor posible sin ser vistos.

─¿General Garte? ─dijo el hombre de capa.

─¿Si?

─Necesitamos su ayuda en el cuartel.

─¿Qué ocurre?

─Han atacado Bahen, la frontera entre Vorgen y Dirmas. Los detalles le serán informados en la capital.

─¿Qué? ¿La capital?

─Habrá una guerra, general. Una gran guerra.

El padre de Eidriam lo pensó un poco y miro a su esposa, que se encontraba a su lado y que se encontraba a punto de llorar.

─Bien ─dijo el hombre ─, iré con ustedes.

El y su esposa entraron a la casa y cerraron la puerta, mientras el hombre de la capa regresaba a la carroza.

─¿Una guerra? ─pregunto Eidriam en un susurro a su hermano ─¿Quién la provoco?

─Bahen es la frontera entre Vorgen y Dirmas por parte del segundo. Debió ser Vorgen.

─¿Pero porque...?

─No lo se...

─¿Por qué papá debe irse?

Glenn no tenia respuesta para esa pregunta, la pregunta que el también se hacia. Su padre salio por la puerta diez minutos después llevando una pequeña maleta. Abrazo a su esposa ─quien tenia la cara empapada de lagrimas ─por un largo momento y le dijo algo al oído. Después la soltó y se dirigió al hombre dentro de la carroza.

─Estoy listo.

─En ese caso, suba por favor.

Eidriam y Glenn observaron como su padre subía a la carroza, después de una última mirada a su esposa. La carroza comenzó a andar, y por una de las ventanas se asomaba su padre. Los miraba. Se despidió con un gesto, con una sonrisa. Poco después, la carroza se había perdido de vista en la oscuridad. Glenn y Eidriam no pudieron hacer más que mirar a la nada, mirar y esperar que todo fuera un sueño.